22 de Enero de 2012, 10:35am suena el teléfono
de casa, por alguna razón tardé en contestar. Mi corazón empezó a latir muy rápido y no comprendía el por qué tenia miedo.
Contesto. Era mi madre quien me pregunta “¿Qué sabes de el?” Yo conteste: “¿Qué ha pasado?” mi madre con voz sollozando dijo “él se ha ido” a lo que yo, escéptica conteste: “no, el no puede irse”.
Colgué y me senté en la mesa pensando en nuestra última conversación, aquella que fue la causa de que no volviese a saber de él hasta el día de su partida, y tratando de comprender lo que había sucedido; pues se suponía que aun no debía irse.
Contesto. Era mi madre quien me pregunta “¿Qué sabes de el?” Yo conteste: “¿Qué ha pasado?” mi madre con voz sollozando dijo “él se ha ido” a lo que yo, escéptica conteste: “no, el no puede irse”.
Colgué y me senté en la mesa pensando en nuestra última conversación, aquella que fue la causa de que no volviese a saber de él hasta el día de su partida, y tratando de comprender lo que había sucedido; pues se suponía que aun no debía irse.
Como pude caminé a mi habitación y lo primero
que vi fue a él sentado en mi cama sonriendo y tomándome de la mano diciéndome
“No llores, nunca me iré de tu lado”, me vestí, me sequé las lagrimas, salí de casa
a darle el ultimo adiós, y al llegar me encuentro con la amarga sorpresa de que todo es real,
a un lado estaba su madre adormecida pero destrozada, nos miramos anonadadas
buscando las palabras adecuadas para una de las dos. ¡No las habían!, las únicas
palabras que quería escuchar en ese momento eran las de él.
Esa noche y las siguientes han sido una tortura, no me provoca comer, no quiero hablar solo quiero estar a su lado para abrazarlo. Cada noche al cerrar mis ojos lo veo allí, como la última vez sonriéndome, tocándome, dándome amor, dándome paz.
Esa noche y las siguientes han sido una tortura, no me provoca comer, no quiero hablar solo quiero estar a su lado para abrazarlo. Cada noche al cerrar mis ojos lo veo allí, como la última vez sonriéndome, tocándome, dándome amor, dándome paz.
Han
pasado 2 meses y yo sigo aquí sentada en la misma mesa abrazándolo en la nada,
y repitiendo una y otra vez “no te has ido, aún puedo sentirte”. Manteniéndome
firme aunque no quiera seguir, recordando su sonrisa, su voz y sus abrazos aquellos
abrazos que me llenaban de paz y de amor el corazón.
A medida que pasan los días todo se hace más difícil,
me niego a la idea de que pases a ser solo un recuerdo.
Algún día nos veremos, sé que será muy pronto
ya no tengo ganas de seguir aquí, ya no quiero despertar en este mundo donde tu
no estés. Tener que acostumbrarme a tu partida ha sido lo más valiente que he
me ha tocado hacer, quizás nunca termine de acostumbrarme sé que debo dejarte
ir, no es fácil pero debo hacerlo para poder vivir en paz conmigo misma.
Cada domingo voy a visitarte y miro tu nombre
puesto allí y lo único que pasa por mi mente es ese momento en el que me
notifican tu partida, sigo atónita a todo lo que sucedió, como en un abrir y
cerrar de ojos te fuiste y me dejaste con esos deseos de amarte hasta el final
de mis días.
Debo dejarte ir por mas doloroso que sea, mientras sigo aqui viviendo con la convicción de volver a encontrarnos.
Andreina G.
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