Cuerpos desconocidos que se unen para volverse uno, para amarse hasta el primer rayo de sol. Besos y caricias que solo emanan lujuria, miradas que no dejan nada a la imaginación respiraciones aceleradas hacen explorar cuerpos necesitados de placer.
Labios que no dejan un solo lugar sin recorrer, sin besar, sin sentir.
Seres capaces de entregarse hasta que el cielo tenga fin, siendo esas cuatro paredes las únicas testigos de tan efímero encuentro:
La habitación 406.
La habitación 406.
Andreina G.

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