
He intentado seguir adelante pero tu recuerdo no deja de atormentarme,
mis noches consisten en hacerme la misma pregunta una y otra vez, aprender que nada
es para siempre y que no puedo aferrarme a algo que no pudo y no podrá ser jamás. Tratando de comprender
que tuviste que irte y que algún día nos volveremos a encontrar y será entonces
cuando disfrutemos y revivamos esos momentos a solas en donde podíamos
destrozar una habitación con solo miradas que decían más que un “te extrañaba”, miradas que decían miles de “te quiero” y eran esas las miradas que me hacían querer caminar a tu
lado hacia la eternidad.
Tuviste que irte de manera inevitable y me
dejaste con el deseo de ser tuya y de amarte hasta el infinito, provocando
en mí agonías, desespero, noches en vela y sueños que no podrán cumplirse jamás,
pues te has ido a un viaje sin retorno, pero yo sigo aquí, firme y fuerte aunque
pase el tiempo con la esperanza de volver a encontrarnos, porque eras tu quien estremecía mi cuerpo con el simple rozar de tus
dedos en mi piel.
Andreina G.
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