lunes, marzo 26

Tú.


 
Viviendo una vida prestada, una vida que dejó de pertenecerme desde el momento en que decidiste marcharte. 

He intentado seguir adelante pero tu recuerdo no deja de atormentarme, mis noches consisten en hacerme la misma pregunta una y otra vez, aprender que nada es para siempre y que no puedo aferrarme a algo que no pudo y no podrá ser jamás. Tratando de comprender que tuviste que irte y que algún día nos volveremos a encontrar y será entonces cuando disfrutemos y revivamos esos momentos a solas en donde podíamos destrozar una habitación con solo miradas que decían más que un “te extrañaba”, miradas que decían miles de “te quiero” y eran esas las miradas que me hacían querer caminar a tu lado hacia la eternidad. 

Tuviste que irte de manera inevitable y me dejaste con el deseo de ser tuya y de amarte hasta el infinito, provocando en mí agonías, desespero, noches en vela y sueños que no podrán cumplirse jamás, pues te has ido a un viaje sin retorno, pero yo sigo aquí, firme y fuerte aunque pase el tiempo con la esperanza de volver a encontrarnos, porque eras tu quien estremecía mi cuerpo con el simple rozar de tus dedos en mi piel.


Andreina G.

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