lunes, mayo 28

Silencio & Soledad

Era tu manera de amarme lo que me mantenía viva y contenta, eran tus manos las que me protegían y las que  me abrazaban cuando tenia miedo, las que me sostenían cuando no quería seguir andando este duro camino 

Tu voz tenue a mi oído mientras me tocabas dulcemente y repetías una y mil veces “No te dejare caer”.

Allí estaba yo, amándote como si fuese mi ultimo día, disfrutando ese momento en silencio, dejando que fuesen mis caricias las que hablaran por mi, que fuesen ellas las que te dijeran que te quedaras a mi lado eternamente.

Despertar y no encontrar tus manos  y tu mirada cerca son sombras agonizantes de soledad,  El dolor por la ausencia es de los más desgarradores. La soledad y el silencio se hacen insoportables.

Sabor amargo del silencio que aprisiona, aplasta, asfixia.  Lágrimas de lluvia derramadas en mis ojos por la pena de su ausencia.

domingo, mayo 6

Pasión de dos amantes



Podría escribir miles de libros enteros describiendo  cada una de las cosas que hicimos en ese pequeño aposento del cual nos apoderamos que hicimos testigo de nuestra unión efímera y feroz..

 No hizo falta decirte lo que causabas en mi, fueron mis gemidos y mis gritos  los que hablaron por mi, dejando al descubierto que eras tu  el autor de esa locura tan divina, tan magnifica que explotaba mi ser llevandome al cielo mas de una vez.

Mi piel anhelaba tus manos, tu mirada provocaba en mi una alegría universal y tus besos algo particular que hacia querer amarte hasta el ultimo día de mi existencia.

Tus respiración acelerada me dejaba saber que estabas a punto de venirte dentro de mí, haciéndome entender que a partir de ese momento ya no serias tu ni tampoco seria yo, seriamos los dos en uno mismo.

Heme aquí al borde de la locura recordando y deseándote una vez más, esperando ese próximo encuentro donde quizás volvamos a ser dos personas convirtiéndose en una, donde no dejaremos escapar un solo espacio de cuerpo sin recorrer y sin besar. Siendo nosotros… Amándonos. 

Andreina G.

La Oficina



Tus dedos quemaban mi piel, tu cuerpo transpiraba calor, el sudor se evaporaba  en nuestros poros, recordando aquella tarde en la oficina cuando envueltos en una locura febril me tomaste y me arrojaste a la mesa donde exploraste mi cuerpo. Mi sexo estaba ardiendo aunque húmeda rompí el silencio de los besos para decirte “No te detengas”.  No tardamos en sustituir las palabras por ardientes lenguas que se deslizaba por la piel que ansiaba ser tocada, juntamos nuestros fuegos perdidos en el calor de los cuerpos. Sonidos étnicos acariciaban el aire que respirábamos, el ambiente tenue de velas al ritmo de Buddha Bar  marcaba la armonía de dos cuerpos deseosos de pasión
  
No hubo parte de mí que no entregara. Mis gritos no tuvieron pudor, mis gemidos no cesaron a lo largo de la tarde, acompañado de tus caricias. Tu boca recorrió cada centímetro de mi piel, con tu lengua lograste reactivar todo mi fuego, mis ganas, mis deseos. Solo tú sabes como encenderme tan rápido.

Carentes de toda protección, nos entregamos a la locura  del placer, incluso mas allá de las fuerzas físicas. Aquellas cosas prohibidas, por ser tan placenteras, fueron repetidas una y otra vez. No tuviste otro credo más que mi piel, me consagre como ofrenda al Dios de tu placer, mientras tus oraciones eran mis gemidos.

No hubo mañana ni ayer, no quedo nada mas que unos cuerpos desnudos muy juntos en una oficina llena de desorden, por un momento deseo perder mi alma y pedirte que te quedes, pero se que no me dejaras hacer tal locura, no esta vez. 

Andreina G.