Era tu manera de amarme lo que me mantenía viva y contenta, eran tus manos las que me protegían y las que me abrazaban cuando tenia miedo, las que me sostenían cuando no quería seguir andando este duro camino
Tu voz tenue a mi oído mientras me tocabas dulcemente y repetías una y mil veces “No te dejare caer”.
Allí estaba yo, amándote como si fuese mi ultimo día, disfrutando ese momento en silencio, dejando que fuesen mis caricias las que hablaran por mi, que fuesen ellas las que te dijeran que te quedaras a mi lado eternamente.
Despertar y no encontrar tus manos y tu mirada cerca son sombras agonizantes de soledad, El dolor por la ausencia es de los más desgarradores. La soledad y el silencio se hacen insoportables.
Sabor amargo del silencio que aprisiona, aplasta, asfixia. Lágrimas de lluvia derramadas en mis ojos por la pena de su ausencia.

