domingo, mayo 6

La Oficina



Tus dedos quemaban mi piel, tu cuerpo transpiraba calor, el sudor se evaporaba  en nuestros poros, recordando aquella tarde en la oficina cuando envueltos en una locura febril me tomaste y me arrojaste a la mesa donde exploraste mi cuerpo. Mi sexo estaba ardiendo aunque húmeda rompí el silencio de los besos para decirte “No te detengas”.  No tardamos en sustituir las palabras por ardientes lenguas que se deslizaba por la piel que ansiaba ser tocada, juntamos nuestros fuegos perdidos en el calor de los cuerpos. Sonidos étnicos acariciaban el aire que respirábamos, el ambiente tenue de velas al ritmo de Buddha Bar  marcaba la armonía de dos cuerpos deseosos de pasión
  
No hubo parte de mí que no entregara. Mis gritos no tuvieron pudor, mis gemidos no cesaron a lo largo de la tarde, acompañado de tus caricias. Tu boca recorrió cada centímetro de mi piel, con tu lengua lograste reactivar todo mi fuego, mis ganas, mis deseos. Solo tú sabes como encenderme tan rápido.

Carentes de toda protección, nos entregamos a la locura  del placer, incluso mas allá de las fuerzas físicas. Aquellas cosas prohibidas, por ser tan placenteras, fueron repetidas una y otra vez. No tuviste otro credo más que mi piel, me consagre como ofrenda al Dios de tu placer, mientras tus oraciones eran mis gemidos.

No hubo mañana ni ayer, no quedo nada mas que unos cuerpos desnudos muy juntos en una oficina llena de desorden, por un momento deseo perder mi alma y pedirte que te quedes, pero se que no me dejaras hacer tal locura, no esta vez. 

Andreina G. 

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